La invención del otoño

autumn_forest_wallpaper_3-normal5.4

Tengo treinta y ocho años, dos hijos, he plantado muchos árboles y he escrito tres o cuatro libros. Uno podría pensar que ya está, que lo he conseguido. Pero no, solo es un principio. Tengo que educar a mis hijos, regar, abonar y podar los árboles y conseguir que gente, aunque sea poca, me lea. Una etapa de la vida emocionante y difícil.

Estoy un poco harto de oír a tertulianos en la radio y la televisión analizándonos el futuro. Nos tocará esforzarnos más, nos advierten. La mayoría de ellos forman parte de la generación de nuestros padres, personas que han vivido una época en la que sus esfuerzos se han traducido en una constante mejora vital y social. Creo que son incapaces de ponerse en nuestro lugar e imaginar lo que supone vivir bajo la certeza de que tendremos que trabajar más y esperar menos. Vivir cuesta abajo. En el momento más exigente de mi vida me toca lidiar un desengaño. Tengo que cambiar de piel, derrocar viejos sueños y levantar nuevos, dar más de mí más sabiendo que obtendré menos. Nos enseñaron un mundo y ahora nos dicen que no, que todo era un invento, que la vida es otra cosa. No me importa. Creo que sé que es la vida, al menos tengo mi propia idea. Creo que puedo cambiar pero, ¿hasta qué punto?

No sé si te habrá pasado a ti, cuando te has enfrentado a hechos vitales tan dramáticos como el nacimiento o la muerte, pero a mí siempre me llevan a la misma conclusión: lo único que tiene sentido es la protección de la belleza. Podríamos discutir siglos sobre qué es eso a lo que llamamos belleza. Me gusta utilizar para ello una definición que leí hace poco sobre la naturaleza: “es aquello a lo que no le sobra ni le falta nada”. La sonrisa de un niño, la infancia, una caricia, un abrazo sincero, una semilla, un árbol, un bosque, el vuelo de los pájaros, el agua limpia en el arroyo, una sabrosa rodaja de melón en pleno verano…tantas y tantas cosas.

Durante la última glaciación, ante las durísimas condiciones climáticas que cambiaron de manera drástica, las floras del mundo tuvieron que concentrarse en torno al ecuador, donde el clima era aún benévolo. Pero hubo lugares, como en Europa, donde la cosa se complicó. En su lento descenso al sur, el Mediterráneo resultó ser una barrera infranqueable para la mayoría de plantas. Muchas de ellas se extinguieron . Otras inventaron el otoño; perder todas las hojas cuando el frío empezaba a arreciar les permitía pasar lo más crudo del año sin sufrir los efectos de la congelación de los tejidos. Colateralmente, belleza; un estallido de colores que jamás antes había existido y que aún hoy no deja de conmovernos.

En esta segunda parte de mi vida, en la que tengo el deber de proteger el futuro de mis hijos, ¿seré capaz de adaptarme, como los árboles?, ¿sabré inventar mi otoño?

Anuncios
Publicado en Ciencia, Reflexiones
6 comments on “La invención del otoño
  1. marcmonje dice:

    No tengo ninguna duda, inventarás el otoño y lo que haga falta!

  2. José dice:

    Tenemos que inventarnos todas las estaciones!
    Es una perspectiva fantástica la que planteas. Al final, todo se circunscribe a seguir avanzando y adaptarnos, con la mejor de las intenciones posibles.

    Saludos!

    • alexnoguesotero dice:

      Adaptarnos sin duda, para eso estamos construidos de hecho. Y para adaptarnos hay que inventar sin olvidar que el objetivo, por extraño que pueda parecer, es la belleza.
      Gracias por comentar

  3. Javier dice:

    Las cosas no son bellas. La belleza es absolutamente subjetiva. Las cosas NOS PARECEN bellas. La conmoción está en tu interior; la belleza está en tu interior. En la naturaleza, no existen cosas bellas ni feas; buenas ni malas; justas ni injustas. En la naturaleza, las cosas son sencillamente eficaces. Y si no son eficaces, desaparecen.
    El sentido de tu vida, el auténtico sentido, aparece un día ante tí, te coge por el pescuezo y te obliga a mirarlo de frente, de manera que ya no tienes ninguna duda.

    • alexnoguesotero dice:

      Estoy de acuerdo parcialmente con lo que dices Javier. La belleza es una construcción de la mente humana. Eso es cierto. Pero no por ello irreal. Sería lo mismo decirlo del amor o la amistad. Lo humano también es real y eficiente. El concepto de belleza es eficiente. Su protección es eficiente. Alejarse de la belleza no lo es. Si te fijas, la propia definición que comparto “aquello a lo que no le falta ni le sobra nada” se acerca mucho a ese concepto mecanicista que haces de la naturaleza.
      Personalmente no creo que la vida tenga un sentido concreto. El sentido de la vida es vivirla y para ello hay que perseguir la belleza.
      Gracias por comentar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Pequeño buzo somnoliento

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 108 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: