El papel del consumidor de papel en el Día del Libro

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Norman Rockwell

La Diada de Sant Jordi, como todo el mundo sabe, es también el Día del Libro, aunque no necesariamente el Día de la Lectura. Comprar libros no es sinónimo de leer. Comprar un libro ese día quiere decir simplemente que quieres a alguien, en un grado variable, y deseas hacerle feliz o quedarte tranquilo con tu consciencia. Si la persona a quien regalas un libro te quiere y lee, la harás doblemente feliz. Por un lado habrás tenido el gesto y por otro habrás acertado en el contenido de dicho gesto. Pero sin entrar en más detalles, Sant Jordi es sobre todo la orgía anual de la industria del libro.

Ayer estuve en una librería pequeña, donde los estantes se doblaban de la cantidad de libros que contenían y mientras esperaba pacientemente a ser atendido, la furgoneta de un distribuidor paró frente a la librería y descargó —junto a una retahíla de exabruptos que parecía infinita—un montón de cajas de todos los tamaños. Por la cantidad y el desorden, una foto de aquella estructura bien merecería figurar junto a la palabra “montón” en una enciclopedia ilustrada. De hecho hasta una pequeña cascada de cajas se deslizó por una de las laderas. El conjunto, un poco grotesco. Y Sant Jordi tiene este punto; festivo, maravilloso, radiante, pero también, todo hay que decirlo, grotesco. Pasea por la Rambla a eso de las seis de la tarde y luego me cuentas.

Me pidieron que hiciera una serie de recomendaciones para Sant Jordi. Tras pensármelo mucho he llegado a la siguiente conclusión: en Sant Jordi, sobre todo, se consumen libros así que lo más adecuado será limitarme a proponer ciertas conductas de consumo de libros para todos aquellos que no solo amáis los libros sino que también amáis leerlos.

Primero, si amas los libros cómpralos por favor en librerías dónde trabaje gente que también los ame. Últimamente han cerrado multitud de ellas y todos las hemos llorado. Tras estas librerías, históricas, pequeñas, encantadoras, imprescindibles, que cierran todos los días, hay una historia personal de pasión por la literatura, una ilusión que se extingue. Y los pequeños luchadores apasionados, auténticos libreros, dejan involuntariamente con su defunción más espacio a los enormes mercaderes de unidades facturables de papel impreso encuadernado.

Segundo, huye de las novedades y los best-sellers. Hablo estrictamente de una necesidad de consumo y no de ninguna alergia o valoración snob sobre la calidad de los libros. El mercado obliga a las editoriales a dar el pelotazo para sobrevivir y en esa lucha encarnizada, mercantilista, que nada tiene que ver con la cultura, se satura y se pervierte, modificando las relaciones de poder entre distribuidoras, editores y libreros. En el camino, miles de libros buenísimos pasan desapercibidos, se olvidan, se apartan, se ningunean. Pero, ¡atención! El mercado eres tú. Pasea, deja que lo extraño te seduzca. Uno no conoce Venecia hasta que se aparta de los ríos de turistas del Rialto y, en íntima soledad, se sumerge en el siglo XV de las pequeñasfondamente. Date un pequeño baño de masas para tomar el pulso vibrante de Sant Jordi, pero para comprar el libro busca un poco de soledad y explora lo inexplorado.

Tercero, intenta convertir Sant Jordi en algo más. La firma de un autor, aunque sea desconocido, dará un valor añadido a ese día y nunca lo olvidarás. Para muestra un botón: El año 2009, recién nacido nuestro hijo Max, salimos a pasear el día de Sant Jordi. Decidimos huir de las aglomeraciones —¿quién en su sano juicio se mete en tamaño bullicio con un cochecito de bebé?— y fuimos al barrio de Gracia. Ahí, en el Pla de Salmerón, descubrimos que había ilustradores firmando libros y entre ellos nada más y nada menos que Noemí Villamuza. Compramos Cançoner infantil, un precioso libro que no conocíamos, ilustrado por ella y, aprovechando un oportuno cambio de turno en las mesas, nos pusimos los primeros de la cola. Hoy tenemos un libro repleto de canciones, algunas aprendidas otras no, y con un retrato de nuestro hijo Max cuando tenía tan solo un mes de vida. ¿Cómo olvidar ese Sant Jordi?

Cuarto, y no por el ser el último punto el menos importante, regalar un libro es regalar un mundo. Acomete la empresa con responsabilidad pero sobre todo, ante todo, obligadamente, no lo hagas por qué sí; se feliz, que al final de eso se trata.

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Publicado en Reflexiones
One comment on “El papel del consumidor de papel en el Día del Libro
  1. Myriam Trejo dice:

    Vivo en Mexico, la tradicion de Saint Jordi no la conoce en su mayoria la gente, salvo los que estamos conectados por alguna razon muy cercana a los libros, aun asi hace algunos anos que vengo escuchando diferentes versiones sobre ella. En mi ultimo trabajo, en el FCE, conoci la tradicion de la rosa, obsequian una el dia que aqui celebran como el mundial del libro.
    Yo la he adoptado en casa y creo que hice mi propia version, a quien me obsequie una rosa le doy en intercambio alguno de los libros que elijo para celebrar, buscando que dejen que juntos leamos aunque sea unas lineas. Con mis pequenos soy afortunada, reciben la flor y ademas me dejan perderme con ellos en cada una de las lineas.
    Feliz dia !

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