¿Cómo no leer?

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En el año 1994 empecé la carrera de Geología. No. Ese dato es impreciso. Me matriculé en 1994. La carrera de Geología la empecé en 1993. Leí “Parque Jurásico” y toda la información científica que contiene y que Spielberg obvió o ridiculizó en su la película, me llevó a leer los ensayos “Los dinosaurios de sangre caliente” de Adrian Desmond y “Fósiles y Hombres” de Eric Buffetaut y nació una pasión. Pero esa fecha tampoco es correcta. Empecé la carrera de Geología en, más o menos, 1988. Estaba jugando al “golf” con mis primos y mis hermanos en un pedregal. Nuestro putter era un palo nudoso del tamaño exacto y curvado milagrosamente en uno de sus extremos. Digamos que el hallazgo del palo perfecto nos inspiró la posibilidad de jugar al golf. Tras un desmedido golpe de aproximación, fui a recoger nuestra única pelota y allí, en una lasca de roca junto a ella, había una concha. Yo aún no prestaba mucha atención a los detalles geográficos de mi mundo, pero tenía claro que estábamos en medio de la montaña y el mar estaba lejos, muy lejos. Ese día una semilla germinó en mí. Años después me matriculé sin saber que, en el fondo, solo anhelaba responder esa pregunta, La Concha en la Montaña. Me senté a escuchar mi primera lección universitaria con unos conocimientos sobre geología no mucho mayores que los que tenía con 12 años, en aquella partida de golf. Por eso la primera excursión que hicimos me resultó cautivadora. Podía aprender a leer en las rocas. Y eso hice. Leí historias increíbles de mares antiguos, de continentes inmensos moviéndose y colisionando, de erupciones catastróficas, impactos de meteoritos, pude reconstruir paisajes extintos, seguir ríos petrificados, pasear por inmensos deltas repletos de fósiles, desenterrar nidos de dinosaurios y estudiar restos de animales tan antiguos y extraños que bien podrían ser extraterrestres.
Leer tiene ese poder; te abre mundos. Aprender el idioma de las piedras me permitió ensanchar mi mundo, sumarle lugares que nunca imaginé. ¿Cómo no leer? En los libros, en aquello que nos rodea, en los ojos de la gente, en las nubes…Leer es comerse la vida. Leer es estirar el tiempo. Leer es encontrar nuevos mundos, ya sean los inmensos microuniversos que nos rodean y nos pasan desapercibidos, o los vastos mundos interiores que los escritores comparten o imaginan en sus libros. Leer es el verbo de la curiosidad. La curiosidad es inherente a la vida. Y la vida hay que vivirla, cada día.

 


 

 

NOTA

La ilustración es de Quint Buchholz

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Publicado en Reflexiones
4 comments on “¿Cómo no leer?
  1. gabi dice:

    H. G. Oesterheld también era Geólogo. Un saludo

  2. José dice:

    Tampoco tengo respuesta a la pregunta. Leer es un acto necesario, ineludible. Me ha gustado tu entrada y el blog.
    Saludos!

  3. Me encantó, Alex. Con tu permiso, compartimos (a troche y moche). Un saludo.

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