Herencia

pesebre
 
No conozco ninguna herencia que no agriete. Las herencias son como la sal sobre la herida. Solo espero tener suficiente para poder escoger el camino y al irme, al cerrar esa puerta que no puedes volver a cruzar, no dejarles ni una sola deuda a los míos pero tampoco nada sobre lo que puedan alimentar suspicacias, rencores o malos entendidos. Al morirme no quiero agrietar más de lo que agrieta el partir.
Mis hijos son muy pequeños ahora. Tanto que hay algo que a veces al pensarlo, me marea. Sé que algún día moriré. Ya lo he aprendido. Puedo soportarlo, creo. Pero si pienso en que eso podría pasarme hoy, me derrumbo. Si me marchará hoy, mis hijos no tendrían recuerdos de mí. En su cabeza se están conectando las neuronas a una velocidad tal, que aún no hay sitio para los recuerdos. Si me muriera hoy, los estaría abandonando y ellos, a mí. Y ese pensamiento sombrío me desarma. Por suerte no es muy habitual que piense en eso. Y cuando pasa intento pensar en mis hijos como si de unas pilas recargables se tratase. Ese abrazo extra, ese beso un poquito más largo, ese rato jugando en silencio, son los que quizás, solo quizás, necesiten y no les podré dar mañana. Por eso creo que escribo cuentos. Quiero estar ahí de algún modo con ellos para siempre. Esa será mi herencia. No hace mucho una persona, en relación a otra cosa pero que tenía que ver con escribir, me dijo algo así como “objetivos pequeños, éxitos pequeños”. Y no es así en este caso, una herencia pobre y etérea, pero a su modo muy ambiciosa.
Ayer fuimos a la Fira de Santa Llúcia, un mercado de navidad muy tradicional en Barcelona, donde puedes comprar adornos y figuras artesanales para el pesebre. Un día al año nos acercamos muy ilusionados y compramos las figuritas nuevas que Mª Aurora -así se llama la artista- ha estado modelando y pintando durante el año. Mi mujer y yo estamos orgullosos de nuestro pesebre. No deja de ser un símbolo de que lo estamos consiguiendo. Los años se hilvanan y ahí estamos, consiguiéndolo. La palabra herencia viene del latín haerere que significa “estar pegado o unido” (de adhaerere proviene adherir). Este pesebre nos unirá a nuestros hijos en el futuro. Barro, tradición y memoria. Sé que más de una vez, como bien cantaba Serrat, serán aquellas pequeñas cosas que te sonríen tristes y que te hacen llorar cuando nadie te ve, pero esos tiempos llegan y, sea de aquí un día, de aquí mil o de aquí cincuenta años, yo quiero estar ahí, vivo o muerto.

 


Las figuras del pesebre son obra de Mª Aurora Castellano y las podéis encontrar cada año durante el mes de Diciembre en la Fira de Santa Llúcia en la Plaça de la Catedral de Barcelona.

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Publicado en Metaescritura, Momentos, Reflexiones
2 comments on “Herencia
  1. anya dice:

    he llegado a ti por verkami y me quedo, me encanta tu blog, y ojala el libro de poesías tenga éxito

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