La flor del desencanto

orquidea

Como ya habré expuesto en alguna otra ocasión, me fascinan las sorpresas que esconde la etimología de las palabras. Por eso, a pesar de que hoy quiero hablar de algo que me disgusta y me desarma, primero me acercaré a una flor, porque si ahora digo “orquídea” la imagen de una bella flor más o menos kitsch, según tus conocimientos de botánica, aparecerá en tu mente. Pero Teofrasto, a quién se le atribuye el nombre, no se fijó en la morfología de la flor si no en el bulbo, un bulbo muy parecido a un testículo, que en griego es orchis y orchis también está en la raíz de la palabra orquitis o inflamación de los testículos, y es por eso que a menudo veo las orquídeas y me recuerdan esos apéndices que a veces se hinchan y se hinchan de modo, por fortuna, figurado. Hoy miro a la orquídea que tengo a tres palmos del ordenador, noto un peso extraño y pienso en la ley Wert y en este país de vergüenza.

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Publicado en Reflexiones

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