De la materia que están hechos los sueños

abyss

Shakespeare dijo que estamos hechos de la misma materia que los sueños. Esa frase tan poética es científicamente cierta, ya que todo lo que existe en el universo se compone de los mismos elementos químicos, las mismas partículas elementales, todo se rige por las mismas leyes. Pero tanto Shakespeare como los científicos pecan de lo mismo: son seres humanos.
En un mundo plano, como una mesa por ejemplo, los seres planos vivirían sus vidas, no necesariamente planas, pero sí bidimensionales. Sus besos nacerían del contacto de dos puntos o pequeños segmentos lineales. No se podría saltar de alegría, pero si correr para adelante y para atrás. Volar no tendría sentido y de hecho, escaparía a la imaginación de esos seres. Como lo haría una pelota que rebotara en una habitación donde esa mesa estuviera. No la verían porque sus ojos habrían evolucionado en un mundo de dos dimensiones contenido en la mesa. No la podrían imaginar porque sus cerebros no conocerían la tercera dimensión del espacio. Si esa pelota rebotara casualmente sobre la mesa, primero sería una sombra súbita y amenazadora, después un punto que metamorfosearía rápidamente a un círculo de radio creciente hasta un instante en el que volvería a decrecer y convertirse en un punto, una sombra y finalmente desaparecería sin dejar rastro. Una pelota rebotando en un universo tridimensional en el que habita un mundo bidimensional, al interaccionar con este, sería un fenómeno efímero, sorprendente y, escapándose al armamento intelectual de los seres de la mesa, absolutamente inexplicable.
Los seres humanos, aún haciendo increíbles progresos y descubrimientos, podemos explicar los fenómenos que percibimos en un contexto de raciocinio muy limitado.
Por poner un ejemplo, los físicos asumen que en el universo solo hay el 10 % de la materia que debería haber según sus cálculos. A ese 90 % de materia que saben que está ahí pero que no vemos, ni tocamos, ni medimos, la llaman materia oscura. Poético, ¿no?

No hace mucho encontré la fotografía que encabeza este texto. Ante su embrujo, no pude evitar escribir este sencillo microrrelato:

“La consciencia, en su estado multidimensional , se cruza con el universo; coordenadas y planos limitados.
Instantáneamente se convierte en un ser.
Nace.
Se marea.
Todo lo olvida.
Atraviesa el universo velozmente.
Y con un “blop” morirá, continuando así sus andanzas entre universos, sin saber porque le pica todo y se siente tan llena de golpe.”

Se nutre de la misma idea: nuestra limitadísima comprensión de todo —que he intentado explicar con el símil de la pelota y los habitantes de la mesa—.
En el fondo, Shakespeare, la vida, el universo, la materia oscura, todo esta pertrechado en torno a una dimensión, la poética, que probablemente sea la única que nos permita acercarnos a la verdad, esa entelequia subjetiva que depende del observador.
A lo mejor, como tan bien explica Gustavo Martín Garzo en su libro Una casa de palabras, debemos hacer como los niños, como los personajes de los cuentos, conformarnos con la mitad del conocimiento y vivir nuestra aventura que no es otra que ser, estar y amar.

Anuncios
Publicado en Ciencia, Reflexiones, Relato

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Pequeño buzo somnoliento

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 107 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: