Amarillo

En la ciudad los ritmos se desdibujan. Colapsadas de ruidos y estruendos, las noches de verano no se anuncian con los chillidos de los vencejos que buscan cobijo. El invierno no llega con el silencio sepulcral que acompaña la falta absoluta de insectos.
En una ciudad permanentemente iluminada, la noche siempre es la misma noche. La luna no impone.
En la ciudad, exuberante y pomposa, rebosante de estímulos, los brotes se escapan a las miradas, los nidos no existen, las hojas ensucian.
En Barcelona – estruendosa, exuberante, irradiada- tenemos la suerte de que alguien, de manera discreta e injustamente anónima, decidió llenar la ciudad de un precioso árbol llamado tipuana. Barcelona padece de la misma arritmia, del mismo rechazo a lo natural que todas las grandes ciudades; salvo cuando llega el calor. Bajo la fresca sombra de estos vigorosos árboles caen las flores cadenciosamente, levitando como copos de nieve. Y pronto un amarillo intenso cubre el pavimento, por momentos lienzo. Las brigadas de limpieza convierten por unos días sus escobas en pinceles; y mis pasos son mirada que observa, se rinde y se llena de verano. El amarillo del sol incandescente, de la cerveza, de los biquinis que tan bien le quedan a mi mujer.

tipuana

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Publicado en Colores, Momentos, Reflexiones

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