Las dos caras de una misma historia

Heavy Smog Hits Beijing

Los últimos en llegar (Parte Primera)

-¡Corre imbécil! –gritó Eve con la voz desgarrada.

Pero Roger hacía lo que podía. A cada tropiezo, a cada giro, se le iban cayendo los trastos que había estado saqueando en los grandes almacenes y que transportaba en un torpe abrazo.

En aquella carrera desesperada, huida y persecución al mismo tiempo, los segundos pasaban lentos como eones.

Al final llegaron a la enorme Plaza de las Confederaciones. Miles de personas, quizás decenas de miles, se hacinaban en torno al gigantesco transbordador espacial.

Apenas habían parado de correr, oyeron el rugir de los motores y tras él, como si de una onda expansiva se tratara, les llegó el clamor colectivo. Un aullido masivo. La esencia misma del terror. El último transbordador en dejar la Tierra, se elevó pesadamente, y maniobró en lo que parecía una maquiavélica despedida. Después aceleró y en pocos segundos se quedaron solos. Miles y miles de personas. Eve golpeó repetidas veces a Roger en un ataque de histeria, antes de abrazarle y romper a llorar. Hicieron un ovillo de sí mismos en el mugriento suelo. Solo les quedaban las radiaciones, la enfermedad y el hambre. Roger y Eve, los últimos en llegar, desearon con todas sus fuerzas no ser los últimos en morir.

 

Noah’s Ark (Parte Segunda)

-Las cosas pudieron ir de otra manera pero finalmente lo conseguimos – dijo el gobernador. Miraba a través del gran ventanal circular de su despacho. Suspiró orgulloso y se le hinchó el pecho. A su lado, su secretario aguardaba el resto del inevitable monólogo – ¡Fíjese que paisaje! Una ciudad integrada en el bosque. Una sociedad equitativa, solidaria, sostenible. Sin delincuencia, sin suicidios, sin guerras. Lo hemos conseguido Johnston. – sonreía.

Era un día radiante. Una cálida luz invadía el despacho del gobernador. Fuera, la humedad de los árboles comenzaba a condensarse formando graciosas volutas de humedad.

-Era nuestro destino- concluyó.

El secretario Johnston, rompió su protocolario silencio. – Debería dejar de decir gilipolleces Señor Gobernador, si me permite el comentario. – acarició la foto de su mujer y sus dos hijas que siempre llevaba consigo y se fue.

En lo alto del transbordador espacial Noah’s Ark, todo parecía perfecto. Pero estaban suficientemente cerca de las vigas de la inmensa cúpula de la terraformación para saber que era un mero espejismo.

Johnston se fue al extremo opuesto de la nave. Allí contempló la yerma superficie de Marte y buscó el perdón de las estrellas.

Anuncios
Publicado en Ciencia ficción, Relato

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Pequeño buzo somnoliento

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 108 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: